Siento que no puedo fluir.
La historia de mi amiga
El otro día mi amiga me dijo que sentía que no podía fluir con esa persona que estaba conociendo. “¿Por qué notas eso?” Le pregunté, pero no sabía responder con claridad. Decía que era un sentimiento, casi una intuición que se traducía en malestar. Se sentía un poco como ese producto en la estantería del supermercado, esperando a que lo eligieran.
Wow! entonces algo está fallando, “¿Será que tengo un problema?” Me decía y en su cabeza sonaba la pregunta mágica: ¿Qué puedo hacer para conectar más con él sin sentirme así?
Y claro, en un principio mi amiga pensó que sería buena idea acompañar al otro, con sus gustos, sus hobbies, sus hábitos y en definitiva acompañarlo a vivir su vida. Tal como la entiende él. Porque parece lógico que cuanto más me conecte con él, mejor me sentiré. Más querida y más aceptada. Y eso reforzará quién soy yo.
Pero sorpresa: Lo que ocurría es que ella fue dejando de lado lo que le nutría, para estar cerca de él. Para verse nadando en el mar de una relación que le hiciera encontrarse. Que le hiciera crecer. Y lo que no sabía es que en realidad estaba perdiéndose a sí misma.
La pregunta que le hice a mi amiga es: ¿Qué te hace estar en conexión contigo? ¿Te estás escuchando?
El cuerpo es sabio. Y todo malestar nos trae un mensaje, solo tenemos que saber descifrar qué es lo que no está conectando con nosotras.
Puede que sean esos pequeños rituales diarios o hábitos que se han descolocado por la efusividad de querer entregarnos al otro, al amor. ¡Ay el amor! Es un sentimiento precioso que tiene tanta fuerza que a veces puede darnos unas cuantas vueltas y ponerlo todo patas arriba. Pero si no tengo claras las bases que me conectan conmigo misma, no sabré volver a mi centro tan pronto como el huracán haya pasado: esa sesión de escritura reflexiva, pintar, meditar, podar bonsáis, bailar hasta que nos duelan los pies… ¡Lo que sea!
Solo tú puedes saber qué te hace estar en estado de flow total, porque se te pasan las horas y sigues ahí, metida en tu propio mundo. Ese es el mismo estado que luego te llevarás a tus relaciones. Entonces: encuentra y no le quites ojo a eso que a ti te hace fluir, y fluirás con la vida. Con tus relaciones. Con todo. Porque te conoces, te respetas y te das todo lo que necesitas.
Te dejo aquí unas preguntas para esa amiga que quizás también tienes (o eres tú?):
- Si la conexión con lo demás implica desconexión conmigo, ahí no es.
- Busca el punto donde se corta la fluidez y mira en ti ¿Qué te está faltando? ¿Cómo puedes dartelo tú?
- Crea tu mundo, y así podrás invitar al resto a él.
Cuéntame si te has podido identificar con esa historia?